Cuando iba paseando por mi ciudad natal, descubrí que no estaba sola en el ámbito público de una calle llena de semáforos y pasos de peatones… me decía a mí misma que la ciudad estaba preciosa con sus monumentos, sus zonas verdes, sus circuitos bio-saludables en fin todo aquello que hacen de un espacio vital un lugar de encuentro.
Solía salir a pasear con mi padre (en paz descanse) y no hacíamos sino ver como la ciudad iba ganando en servicios y limpieza, en cultura y homenajes a hombres transcendentes (hay algunas estatuas que representan a grandes hombres de la historia: Adares, Unamuno, Carmen Martín Gaite,,, entre otros así como Adolfo Suarez o Vicente del Bosque).
Pues bien, a lo que iba a relatar, nuestra ciudad era un lugar de encuentro pacífico, y lejos de ser una selva urbana puede ser considerado un ágora especial dedicado al encuentro y a las manifestaciones como saludos de cortesía, para comprender al otro, un lugar donde compartir ideas, sensaciones, cambios de impresiones… lejos de ello, la ciudad lugar de paz habitualmente, puede perder su carácter de cordialidad, puesto que ocurren fatalidades que hacen comprender y aprehender mejor que la vida tiene a veces su mal talante… me refiero a dos hechos acaecidos que me han afectado sobremanera mientras iba paseando para trasladarme a otra zona de la ciudad.
Íbamos camino del Centro de Salud, cuando un joven como de 15 ó 16 años se me acercó y me robó el bolso por el método del tirón. Se me acercó y me cogió el bolso estuvimos forcejeando y me quedé con las asas del bolso en la mano, mientras gritaba: “Al ladrón”, salí corriendo detrás de él y me caí en medio de la carretera, el joven corría aprisa, no obstante gracias a un coche al que no pude dar las gracias cogieron al joven y lo retuvieron hasta que llegó la policía.
Tuve que ir a que me hicieran un parte de lesiones, y de allí a comisaría a poner una denuncia… el joven era menor y tuve que ir hasta el Tribunal de Menores, a declarar lo acaecido ya que al no tener edad suficiente, su castigo sería una multa (no es lo que ha de trascender, pues el suceso no era pagado con dinero) y lo que yo le deseé fue que aprendiera del caso y le encargaran algún trabajo social que le ayudase en ese momento tan difícil y cruel, para aprender de su mala acción y sentir que puede formar parte de aquellos que por unas causas u otras tienen problemas con la justicia. El hecho fue que pude perdonarle… No sé quien era ni sabré ya nunca como se llama, no es lo importante… parece ser que el joven tenía problemas con un señor mayor que le chantajeaba y le pedía dinero… (dijeron que eso había declarado).
¡Qué fatalidad!, un caso fuera de lugar que me dio mucho trastorno del cual vamos sacando sus consecuencias, y nos percatamos de lo importante que es el perdón… todo tiene arreglo menos la muerte.
Otro caso que me aconteció pasados unos años de aquello del tirón, fue en la propia parroquia de mi barrio, un señor al que no sé cómo llamar: pobre, indigente, mendigo, inope o gallofero, tuvo la mala actuación de agarrarme del cuello, iba pidiendo y entró en la Sacristía, cuando no estaba el párroco, y le dije que no había nada para él allí y que hiciese el favor de marcharse.
Como digo me agarró del cuello, gracias al cielo no apretó, (Dios aprieta pero no ahoga), pude salir de allí con vida a pesar de que el maleante me decía: “¡te mato, te mato!”. También golpeó con dureza al sacerdote, le empujó y dio un traspié gracias a Dios no se cayó. Tuvimos que llamar a la policía, y lo miso que en el otro caso, ir al centro de salud para hacer un parte de lesiones y a comisaría a poner una denuncia. Fuimos ambos, el padre y una servidora. Aún no sabemos cómo o cuándo se solucionará la cuestión, el pobretón no ha vuelto por la iglesia. Yo un día le vi que iba deprisa comiendo un bocadillo. Lo que pudo ser una barbaridad de violencia, se convirtió en un acto fortuito que se transformó en un perdón sin complejos, podíamos olvidar todo aquello, no llegó la sangre al río, no hubo sino intención de provocar violencia que no fue tal, puesto que pudimos sobrellevarlo llenando de valor aquella circunstancia tan dañina para la salud mental, como un encuentro con un enemigo que te maltrata al que tratas superando la situación con coraje y poniendo la paz como método para perdonar aquello que nos dejó algo para el recuerdo, algo que esperamos no vuelva a suceder, que la vida te da sorpresas, pero hay que verlas venir o es mucho lo que te hace sufrir pena o desconsuelo por un pecador que al final es redimido pues él mismo se perdona. Bendita experiencia.