FRIQUI DE PROFESIÓN

No todo lo que consumimos como televidentes es de buena calidad o informa, forma y entretiene de manera favorable. Son muchas las veces que nos tragamos verdaderos bodrios, nos exponemos desde nuestro sofá favorito a programas y planes de entretenimiento, que lejos de crear conciencia crean un sentimiento escrupuloso de telespectador pasivo capaz de digerir todo tipo de formato televisivo.
La crítica no viene de una pluma con solera pero si viene de una cabeza pensante capaz de transcribir los pesares y sentimientos profundos de decepción que inspiran ciertos programas.
Cuando íbamos a la Facultad, allí se vislumbraba la existencia de los llamados “Reality-Show”, programas que pretenden ser una minuta real de un acontecer diario. Ya por entonces en aquellas aulas se comentaba sobre la existencia de los llamados “friquis”.
Clasificar todos los programas sería una tarea interesante pero hoy en concreto pretendo únicamente fijarme en estos personajes o mejor personajillos.
Los “friquis” son personas o pseudo-personas. No digo esto con afán despectivo, pero estos reaccionarios de la sociedad se han ido haciendo hueco en la esfera social.
Si tuviera que definirlos diría que son personas de carácter público que por una u otra causa llaman la atención sobre el cañón de luz y se convierten en protagonistas. No son artistas, son personas de segunda que sacan partido de sus aconteceres diarios. Sufren en el día a día, verdaderos momentos de dificultad.
Basan su vida en un acontecer taciturno y poco requerido como puede ser por ejemplo el haber sido amante de, o auxiliar de peluquería, o mujer de cantante o famoso, o periodista venido a menos. Me refiero, sí, a los protagonistas de “Sálvame” o “Sálvame Deluxe”. Son unos seres que ganan fama no se sabe muy bien por qué, ellos dicen que van a trabajar y viven directamente del cuento. Pero sus cuentos no son historias preciosas con final feliz. Estos personajes sufren en sus carnes la maldad humana, los sucesos que les hacen ganar un dinero riquísimo. No son cosas interesantes o creativas. Hablan, y discuten; exponen y rebaten pero siempre buscan el amarillismo y el escándalo.
Hacen espectáculo morboso de sus lides en la alcoba y se convierten en defensores a ultranza de sus propias relaciones personales, que al traspasar la frontera de lo público pierden carácter de pureza y sin comerlo ni beberlo se van abocados a rupturas, desamores y desgracias que dan que hablar.
Estos modelos de existencia desastrosa se caracteriza por ser poco educados y casi no saber estar… ¡resultan tan vulgares!.
Llegan a los espectadores del otro lado de la caja tonta, como si de una quimera teatral se tratase para contar, poniendo verde o descuidando el lenguaje o relatar, sin tener en cuenta las consecuencias finales, sin que estos espectadores puedan hacer otra cosa que tragarse literalmente las discusiones, las bromas o las faltas de respeto.
Son estos “friquis”, un producto de marketing malo, para vender vidas personales. Unas vidas que ellos hipotecan por estar en el candelero.
Aún desconocemos hasta donde pueden llegar estos bufones de la corte popular, pero cada cierto tiempo ellos mismos sufren las consecuencias de la trivialidad de su inefable existencia. Ni tan siquiera son cosas interesantes, nos inspiran una cierta pretensión de desconectar de nuestras rutinas, relajarnos y no pensar, sólo ver impasibles el paso del tiempo lacónico y aburrido mientras ellos se juegan el tipo por dar que decir y gritar a viva voz ecos de sociedad que cubren reportajes en revistas de papel “cuché”.
Bien, ellos van sentados en el burro, ahora no se autoobservan y creo que no se dan cuenta del precio que tienen que pagar cegados por las cantidades de dinero que abultan sus cuentas corrientes. No sé cómo acabarán estos personajes pero todos ellos sufren problemas de bipolaridad, depresión o falta de comprensión.
Se mueven por el escenario de la locura e interpretan el papel de víctima o mártir. Ganar dinero fácil y brindar un saludo a la fama les puede salir caro. Sus problemas se convierten en problemas para todos y quizás a nosotros nos sirva de desalienación.
Vivir acaeceres de una vida personal en pugna entre la privacidad y la publicidad les convierte en funámbulos de su realidad. No cambio mi vida por la de ellos ni desde lejos puesto que vivir de capricho y a espensas de la corriente de opinión o de las cifras de audiencia no te aseguran una existencia tranquila y agradable, sino más bien una vida vacía cuyo precio pasa a ser algo más que material… tanto como pasar a ser algo de tipo moral o de respeto del propio honor. No quiero ser payaso ni vivir del cuento. Otra cosa diferente es tener cosas que decir y aparecer en los medios. Si tienes la excusa perfecta es válido.
No es malo ser protagonista en los medios de comunicación, lo que pasa es que hay clases y formas de hacer las cosas.
Hoy rompo una lanza en favor de las personas de bien que gozan con la televisión lo cual no es malo, sino que están en su perfecto derecho de consumir programas con calidad, programas que van apareciendo y que inevitablemente algunos resultan mejores que otros.

Mª Teresa Mendoza Hernández.
Licenciada en Ciencias de la Información sección Periodismo.

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