LA MUSA ESTÁ ENOJADA

 

Imaginar, soñar, vivir de la ilusión, sentir la provocación, consolidar un trabajo como obra maestra… todo ello implica dar un paso adelante. Son sólo algunos los elegidos, los artistas, perfeccionistas capaces de alcanzar el clímax, el punto culminante de su recorrido profesional.

Atrapar en el momento histórico todo lo que nos influye o nos afecta como autores de arte; entiéndase como arte no sólo obras en forma de pintura, arquitectura o escultura, sino que también  incluimos el arte literario, la capacidad de redactar o relatar la historia maestra que debería fluir en nuestra actividad creativa.

Es verdad que todo esto se engloba en un mismo saco, el de la cultura, junto con otras manifestaciones como la música, el teatro, o la cinematografía. Es en muchas ocasiones el tema recurrente lo que nos hace enfrentar con decisión toda la labor creativa

Si la Musa hoy se enfada con el artista o con el autor; (como se nombra al creador de escritos) no nos queda más remedio que buscar alternativas, ganarnos el pan, inspirarnos en obras que aunque han sufrido el paso del tiempo continúan estando, de actualidad.

Si hay una obra literaria tan interesante y antigua como el hombre mismo, ésa es la Biblia, que ha influido sobremanera en obras profusamente imbuidas de arte, declaradas incluso Patrimonio de la Humanidad.

Hoy he puesto mi punto de mira en una obra completa y redonda de la pinacoteca universal; se trata de “El jardín de las delicias”, una de las obras más conocidas de El Bosco.

Me he convertido en una periodista que con mirada inocente se acerca a contemplar minuciosamente este tríptico. Éste se muestra diferente si lo observamos cerrado: “La creación del mundo” o si lo examinamos abierto con sus tres tratamientos de una misma temática, todas ellos inspirados en la Sagrada Escritura. A saber: “El jardín del Edén”, “El jardín de las delicias” y “El infierno”.

Si tuviera la capacidad de formar parte del cuadro, de entender lo que veo con mis ojos, interaccionando materialmente eso es, convertirme en óleo y formar parte del cuadro ofreciendo una cierta interrelación con los personajes ahí representados, podría entender algunas cosas: ¿Qué nos dicen o nos aportan los seres retratados en el tríptico de El Bosco. Si cómo por arte de magia pudiera presentarme bajo el mismo encuadre, un encuadre pictórico y yo, con mi talante curioso actuar como una comunicadora que se deja llevar de su infantilismo para entrevistar “in situ” a los allí convocados?

Lo primero es pasar el tamiz del tríptico cerrado. Cruzar el portón: “La creación del mundo”. Al traspasar este primer enmarque busco al Dador, al Creador de todo. No hay ruido…. Todo surge de la nada y no entiendo si es cuestión de una reacción química o si todo llega del “big-bang” que es la explosión creativa de donde surgió la vida.

No hay indicios de autor por lo que recorro esa creación sin hacer preguntas. No hay nadie con quién hablar, nadie me da referencias acerca de lo acontecido. Por aquí no hay hemeroteca, por lo que no se puede tampoco consultar. No existen los legajos de la época o tablas con los mandamientos, todo es un vacío cognitivo y un abismal y profundo hueco sin límites para la razón. No me doy explicación de nada, de todo lo que aciertan a ver mis ojos.

En vista de mi desafortunada experiencia, pierdo como pueril periodista la ilusión de principiante y trato de “enmendar la plana” buscando en el tríptico abierto el modo de sacar el máximo partido de este periplo en pos de la crónica para interpretar aquella obra de arte.

Me dejo caer en “El jardín del Edén”, voy contenta y entretenida pensando si el pecado nos sería perdonado. Adán y Eva están desnudos cuando ella confirma que sienten vergüenza, que han pecado… trato de interrogar a Eva

– Mujer, ¿por qué le has hecho esto a tu hombre?-

Ella no responde, pero quizás todo fue por falta de comunicación, pues Adán que era conocedor de lo que estaba prohibido y no puso sobre aviso a su mujer o quizás todo era cuestión de tiempo y tarde o temprano el hombre y la mujer pecarían en su inquietud por entretener el paso del tiempo. No obstante puedo dejar constancia de que desde el pecado original el hombre y la mujer vivirán del esfuerzo propio y ganarán el pan con el sudor de su frente.

– ¡La habéis hecho buena! Ahora estamos destinados a vivir fuera del Edén. Por cierto, – me digo queriendo saber en mi papel de cronista: ¿Qué es eso de la vergüenza?, ¿Es que la relación sexual es algo tan serio, tan trascendental que cualquiera que sienta deseo está abocado a ir al infierno?- más tarde me di cuenta de que esta era la pregunta del millón, que en aquel momento había dado con el “quid” de la cuestión, la clave por la que la unidad temática del tríptico es posible.

A todo esto nadie me da la réplica y no consigo desentrañar lo acontecido, sólo tengo testificado el relato del Génesis que habla de una serpiente arrastrada y maldita. Huyendo de esa imagen me dejo caer en el panel central de la obra: “El jardín de las delicias”, donde la lujuria, el morbo, la lascivia, los pecados, protagonizan un paisaje lleno de erotismo y sexualmente rico.

-¿Qué es la vida?- me pregunto – aquí está todo permitido, no obstante hay personajes curiosos con poses escandalosas, seres humanos con actitudes animales… ¿la vida es jauja?… ¿quién entiende este comportamiento tan poco decoroso? Las orgías que son ceremonias mágico-religiosas en honor de Baco o de Dionisio, se convierten en este cuadro en una escenificación normal. El hombre y la mujer han dejado desatar su imaginación y llevan a cabo actos de contenido sexual que simplifican y tachan a la humanidad de ser un tanto viciosa, de menospreciar al hombre como ser racional para dejarlo en cueros, tal cual viene al mundo: un mundo trivial dónde la preocupación parece ser alcanzar una erección y penetrar con fogoso placer a la pareja de turno.

Entonces, como reportera caigo en la cuenta de que nadie habla, de que las palabras han hecho mutis por el foro, que el que habla no alcanza su lógica que lo único que interesa son los orgasmos que se puedan gozar.

Continúo con mi recorrido y aparezco en el tercer panel o panel de la derecha, en donde reina la obscuridad y me siento medio ahogada y muy sofocada. Estoy en “El infierno”.

-¡Para verse en el infierno hay que ser muy mala!… ¿Alguien quería hablar de su experiencia?

Haber descendido y estar castigados con las penas del infierno es hoy un suplicio; no obstante puede resultar atractivo si me hago eco de ello y si soy capaz de relatar la historia y encauzarla para que cope las páginas de sucesos, podrían dar pie a ganar el premio Pulitzer. ¡Ir al infierno es “todo un notición”! Seguramente hacer una entrevista y potenciar las razones por las que el hombre es castigado a permanecer en las calderas de Pedro Botero, ayudaría a la humanidad a entender los motivos de dicho destino… yo creo que todo es “falta de comunicación”.

La musa está enojada. Nadie ha encontrado la inspiración ideal. Qué escribir acerca de los pecados… como elaborar una entrevista cercana y dicharachera… no sería en realidad una especie de apología del mal.

La idea de formar parte de esta pintura, convirtiéndome en óleo, así como la incapacidad para hacer un escrito con contenido sacro; (ambas circunstancias) convertirían a la pecadora autora nada menos que en escritora apócrifa cuyo premio sería la condenación.

María Teresa Mendoza Hernández

 

 

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