LA CUESTIÓN ES LA IGUALDAD

¿Llegaremos algún día a considerar que el hombre  y la mujer son iguales? Me temo mucho que la idea de tratar o entender a los seres de distinto sexo como iguales es un camino sino mal esbozado, sí fuente de una corriente de opinión que en sus extremos nos presentan ideas machistas o pugnas feministas que abusan y “sacan de contexto” por no decir “sacan de madre” la verdadera diferencia que en el trato han de recibir los hombres y las mujeres.

Una  cosa es que las mujeres se igualen en el ámbito laboral a los hombres, que las funciones sean distribuidas entre los seres de una pareja de carácter heterosexual. Ellas suelen ser más dadas a ciertas labores domésticas… ¿se trata de cuestión de igualdad?

Lo ideal de una pareja es crear un tándem, ir ambos en el mismo paquete pero no se puede concebir una educación digamos… de iguales. Es verdad y no dudo en reflejar que la educación de un niño, no tiene nada que ver con la educación de una niña. Sus físicos son diferentes y sus condiciones sexuales por naturaleza vital, hacen que la supuesta igualdad: “transversalidad de la igualdad de género” no puede serlo de forma pura, neta, no podemos ir contra natura.

El hombre más o menos rudo, fuerte, valiente, la mujer sensible y bondadosa. Siempre desde muy antiguo se concebían al hombre y la mujer como seres complementarios siendo el hombre la fortaleza y la mujer la sensibilidad de tal manera que el hombre protege y la mujer amamanta y cría a sus crías. El hombre es la cabeza pensante y la mujer el brazo ejecutor. Él es el sexo fuerte y ella no se sino parte de una costilla de hombre creada para evitar la soledad de la existencia humana.

La igualdad pasa por ser despreciada frente a ciertos comportamientos como la aborrecible violencia de género, que hacen de la mujer una víctima incapaz de ser medida con tabla rasa frente al sexo masculino que normalmente abusa de su fuerza y de su condición varonil para atacar a la mujer.

Es la mujer el sexo débil. Cuando oímos esos sucesos o casos de violencia doméstica pensamos en la ayuda a las mujeres para acabar con esta lacra.

Declarar públicamente una situación de abuso, maltrato o violencia es un primer paso para no perder la dignidad.

El abuso no es sólo físico, también hay hombres energúmenos que aniquilan a la mujer en su talante psicológico… menosprecio, odio, chantaje emocional, discriminación son producto de un tratamiento en que el hombre percibe a su mujer como un ser inferior, le pierde el respeto, se transforma y de ser un amante enamorado llega a convertirse en un dictador que se toma la ley por su mano. Ella la mujer víctima de la violencia de género, vive constreñida y apabullada.

Lejos de esta situación violenta, la mujer es considerada como un ser digno que ha de alcanzar cotas que llaman “de igualdad”, las famosas: “medidas de acción positiva” para evitar la igualdad y ponderar positivamente aquellas acciones que hacen que la mujer se ponga al mismo nivel que el hombre. Es algo que existe en todos los ámbitos económico-laborales y socio-culturales.

La mujer en puestos de representación política, la mujer en el ámbito rural, la conciliación familiar y laboral… estas cuestiones vienen a decir que las oportunidades han de ser las mismas para ellos que para ellas de tal manera que el hecho de copar puestos de trabajo con cierta responsabilidad, con remuneraciones justas es un reto para la moderna sociedad del siglo XXI.

La educación de un niño no podrá nunca ser exactamente igual que la de una niña, y es que jugar con camiones no es lo mismo que jugar con muñecas. Pero esas diferencias no son nocivas para la salud, ni significan discriminación simplemente son desigualdades necesarias y correctas. Es el trato igual a los iguales y desigual a los desiguales.

Las niñas por lo general son más adultas que los niños y tienen mayor responsabilidad, el niño es más aguerrido y sus juegos son fundamentalmente deportivos o de carácter bélico.

Al escribir también se puede tener en cuenta esta característica del sexo humano. En ocasiones si hablamos de hombres y mujeres utilizamos el masculino… ¿por qué no el femenino? Responder a esta pregunta es difícil, pero podemos fijarnos en que la historia de la literatura cuenta con raras mujeres que destaquen. Las grandes obras literarias han sido siempre narradas por hombres cuya gloria sigue a lo largo de los siglos. El hecho de utilizar el artículo y la desinencia de género masculino incluso para referirse a las mujeres como género humano lleva a las nuevas tecnologías a utilizar un carácter, la arroba: @, para indicar que el matiz que se quiere señalar no es de carácter sexual, sino que se habla con carácter general de ellos y de ellas… ell@s. Son estas pequeñas soluciones que dicen mucho del progreso y modernidad de nuestra sociedad sobre lo que está haciendo gran incidencia las nuevas tecnologías. Pequeñas soluciones para grandes problemas.

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