LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO

Nuestra sociedad está indignada, no sólo por todo lo que tiene que ver con la corrupción, el paro y la crisis, también por el devenir de la historia donde la paz deja de reinar y de pronto se suceden aconteceres en los que la beligerancia, las armas, el horror hacen mella en diferentes zonas geográficas de nuestra Tierra.

¿Está enfermo el mundo?… A todas estas cosas y otras provocadas por la maldad, la envidia y el odio hay que añadir las inclemencias del tiempo.

Nuestro clima parece estar sufriendo una cierta modificación, no hace mucho, unos cuantos años, nos hablaban del frio que provenía de los Urales o incluso del frio polar, pero en concreto este año tenemos la influencia ejercida por la Luna, la Tierra y el Sol que crean lo que se denomina las mareas vivas. La pleamar y las ciclogénesis provocan unas rachas de viento de alrededor de 120 kilómetros por hora y unas olas que alcanzan los 10 o 12 metros de altura, para que nos hagamos una idea el aire y el mar han sido capaces de derrumbar unos muros de hormigón de 120 toneladas de peso… El Cantábrico está provocando desastres en su costa que ascienden a cantidades importantes… son gastos no incluidos en el presupuesto… aunque exista una cuenta para estas cosas… estos son unos gastos no previsibles pero muy urgentes. Son una necesidad y por lo tanto ineludibles. El esfuerzo ha de ser supino y lo notaremos pero no podemos desamparar a los pueblos y zonas costeras que están sufriendo las consecuencias de un mar embravecido.

Llevamos en dos meses vividos siete temporales con alerta roja… once temporales de esta peligrosidad en lo que va de año.

¿Hasta dónde está enfadado el globo terráqueo?, ¿por qué sufrimos estos castigos de las Fuerzas de la Naturaleza?, ¿por qué nos hace daño así la intemperie, expuestos como nos vemos a la calamidad de estos temporales?

Por otro lado la lluvia ha provocado inundaciones en las riberas de los ríos, los pueblos anegados, algo a lo que el hombre no se acostumbrará… supone un desastre en bienes materiales cuando no se cobra la vida de algún despistado y que fortuitamente se ve abocado a la muerte… son lecciones de la climatología que tuvieron su punto álgido en el tsunami que unos ocho años atrás se vivieron como catástrofe irremediable en Tailandia.

¿Será todo ello castigo para el hombre, como en la Sagrada Escritura cuando relata la venida del Diluvio Universal por el que pasó de largo la existencia humana gracias al patriarca Noé?

Creo que el hombre no es malo por naturaleza, pero que estas circunstancias de las que hoy hablamos y que son provocadas por caprichos dañinos aconteceres que aventuran en sí mismos desgraciados sucesos que forman parte de la historia de la humanidad, hacen creer que la maldad puede o no existir, pero que lejos de considerar si estos avatares son buenos o malos, se presentan como castigos… desgracias que superan lo humano pero que el hombre en virtud de su concepción como especie superior ha de buscar soluciones… ¿hasta dónde llegará el hombre en su responsabilidad de cuidar de su ecosistema?.

Lo ideal sería controlar todas estas fuerzas mayores, ser capaces de crear tormentas a su antojo, de dirigir los rayos tanto los que vienen con los truenos, como los que forman un haz de esplendor radiados desde el Padre Sol.

Desde muy antiguo tratar de entender: por qué llueve, o qué hace salir el sol, qué es la niebla o la nieve, o si el frio existe o sólo es ausencia de calor… como digo tratar de entender estos fenómenos atmosféricos parece un reto harto difícil, pero además el hombre intenta hacerse con las riendas del poder que la cultura tradicional ha venido respaldado por el hombre y la mujer de a pie que ¡cómo aceptarlo!, salen en procesión con el Santo o se encomienda a Santa Bárbara o incluso si la fecha es tan importante como el irrepetible día de tu boda: lleva huevos a las Claras… todo esto son pequeños trucos para restar importancia al propio devenir pensando que el poder del hombre se acerca más a la posibilidad de dominar todos los fenómenos que observa, estudia y trata de comprender, para crear un procedimiento o protocolo y así actuar con un poder muy por encima del mero acontecer.

Dominar el clima  o hacer que esto dependa de su propia decisión supondría tener controlada toda la existencia… el hombre se acercaría a certezas que le llevarían a verse a sí mismo como un dios que con su pobre lógica ha trascendido su existir posicionándose como el verdadero Rey de la creación. Todo esto son suposiciones que quedan muy lejos de poder ser verdadero control de los fenómenos meteorológicos.

El hombre aparte de lógico, cerebral e inteligente es supersticioso, crédulo y soñador… todas estas características hacen que él mismo en ocasiones sea considerado un ser débil que cree en Dios pero a la vez un ser de vida inteligente, capaz de idealizar y llevar a cabo acciones producidas bajo una actitud de superioridad y con una aptitud o, capacidad de dominar, que son válidas todas ellas para poder creer que quizá en el día de mañana la lluvia llegará cuando sea preciso.

Hoy el hombre es un pequeño habitante que vive al arbitrio de algo tan inconmensurable como son las fuerzas de la Naturaleza… mañana o cuando Dios quiera, veremos hasta dónde llega en su afán de superación de una vida mejor.

Mª Teresa Mendoza Hernández.

Licenciada en Ciencias de la Información sección Periodismo

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