EN VERDAD…

Hay muchas formas de entretenerse en esta vida, normalmente nos gusta entretenernos con cosas que son verdad. Y es que la fantasía que nos transforma y nos lleva por el mundo de los sueños no es lo mismo que la dureza de algunas verdades que provocan dolor y sufrimiento.

Quizás lo de la fantasía se lo podemos dejar a los niños, dándoles permiso para jugar inmiscuidos en su propio mundo.

Hay muchas cosas que son verdad que nos abren los ojos… “La verdad os hará libres”: es el lema que reza a la entrada de la emisora de radio COPE. El día que tuve la suerte de leerlo me provocó un irrefrenable deseo de aprenderlo.

La verdad es que ser sincero, ir con la verdad por delante permite en cierto modo aparecer como un ser transparente, claro, diáfano.

La realidad en muchas ocasiones no acaba de gustarnos… pero es preferible saber la verdad y saber a qué atenernos que jugar con los sentimientos y sensaciones inventando “una trola”. La mentira surge como una bravuconada, una vergüenza, una falta de valor. No aceptar las cosas como son nos convierte en personas ficticias incapaces de afrontar la realidad.

Vivir de cuentos o gozar con ilusiones irreales podemos dejarlo en nuestra vida para creaciones literarias fantásticas, a veces nuestro existir no da para otra cosa que no sea imbuirnos en sueños y encontrar magia. En nuestro aburrido devenir…encontrar a alguien que nos permita idealizar o ansiar utopías es más de lo que encontramos normalmente… pero hay historias creadas que no nos hacen tanto daño como sucesos o aconteceres reales, situaciones en definitiva que se nos van de las manos.

Yo creo que las fantásticas ilusiones que oímos o conocemos a lo largo de nuestra vida son relatos modificados o cuentos increíbles que surgen de verdades dolorosas. No sé si alguna vez habéis jugado a relatar una historia y observar cómo el boca a boca modifica los detalles relatados de tal manera que la exageración o el énfasis con que son transmitidos de unos a otros cambia algunos datos hasta el punto de crear, (tras varias veces contado) historias paralelas.

Creo y perdonadme el optimismo, que la mentira no existe, que no existe el mal como algo premeditado… que cuando ocurren cosas funestas y detestables se deben a problemas que no se resuelven de forma positiva, si el protagonista es el hombre, entiendo que no tiene la culpa, son las circunstancias. El mal es la adversidad, son circunstancias negativas que confluyen y conforman un suceso o una noticia desagradable.

Contamos las cosas que nos ocurren porque no podemos callarlo y bien sentimos cierta especie de compasión o comprensión cuando relatamos esas ocurrencias o circunstancias de tal forma que dicha función (transmitir o comentar sucesos o cosas reales) se convierte en una catarsis, una superación, una curación.

Contamos lo que nos pasa porque ello nos supera: y lo contamos precisamente para aceptarlo, entenderlo, interiorizarlo y si se dan las condiciones oportunas solucionarlo.

Cuando contamos algo que no se circunscribe a la verdad es una osadía provocada por una exageración, un esperpento, una modificación de los datos que pueden llevar a uno a otra respuesta en el ámbito social. Pero vayamos a ver cómo esto puede afectarnos en nuestro día a día. Normalmente la educación nos lleva a comprender y aceptar la vida desarrollando el sentido común. Cuando hay algo grotesco, infundado, vergonzoso y vergonzante, normalmente, no queremos aceptarlo ya que nuestro existir en ocasiones es crudo, cruel y difícil de aceptar.

Son en verdad estas cosas, que afean nuestro vivir, disfunciones de una existencia que globalmente nos debe llenar de orgullo. Es mucho lo que el hombre y la mujer han avanzado como seres racionales, lógicos, buenos y válidamente experimentados por lo que la capacidad de prevención y de ayuda hacen al hombre y en global a la humanidad, como un todo fructífero capaz de ver con antelación los problemas y con este carácter preventivo encontrar soluciones antes de perder la capacidad de enmendarlo.

Y sí, “la verdad os hará libres”. Por muy dura que resulte la realidad y por mucho que se sufra, todas las disfunciones o situaciones anómalas, serán superadas en tanto el hombre gane y se sobreponga en esa su propia realidad sometiendo los errores y defectos a su inteligente cerebro que más pronto o más tarde sugerirá soluciones.

Enseñar a decir siempre la verdad es cosa que han de aprender los niños, inocentes e inexpertos protagonistas de su propia vida. No podemos dejar pasar por alto situaciones difíciles inventando una disculpa o una mentira grosera… si aprendemos eso de niños, de mayores seremos personas sin “pelos en la lengua”, lo cual no quiere decir que perdamos la virtud de idear parábolas, cuentos, enseñanzas que vienen de la cabeza fantástica de personas, ideólogos o filósofos, enseñantes de tradiciones y leyendas que con geniales historias,  llenas a veces de ficción manifiestan una enseñanza imprescindible para colocar al ser humano en su mundo, que dichoso y feliz va dando pasos en pos del progreso y el avance en su devenir por la historia de la humanidad.

Mª Teresa Mendoza Hernández

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