PIENSO, LUEGO…

Pensar, emplear la sustancia gris, conectar las neuronas, poner en movimiento la turbina sin que se te caiga un tornillo, es condición indispensable para considerarnos seres humanos.
El uso de la razón, la capacidad de entender o llegar a alguna conclusión partiendo de premisas válidas y verdaderas, es una actividad cotidiana que todos los días, (queramos o no) está presente en nuestros cerebros.

El hombre y la mujer bien se hayan cultivado gracias al estudio y la reflexión, bien se hayan dedicado a los negocios pecuniarios y hayan aprendido a especular, bien hayan aprendido a leer y sepan interpretar los textos o bien con su ingenio hayan ideado e imaginado diferentes prototipos electrónicos o mecánicos… inventos que normalmente hacen más fáciles y cómodos ciertas actividades, sea como fuere su actividad, el empleo y el desarrollo mental provocan en el individuo un marcado carácter de distinción. Si piensas, eres…
Resultar ser un intelectual, tener conocimiento omnisciente sobre un tema en concreto o mejor aún entender de manera multidisciplinar es algo que lleva su tiempo. Desde bebés en su desarrollo normal, un ser humano, un ser vivo… va adquiriendo capacidad para abstraer todo lo que les rodea. Aprender a valerse por sí mismo y dejar de depender del progenitor, que es lo más normal, es un indicio de que se inicia el desarrollo de la personalidad.
Cuando adquirimos cierta edad, podemos considerarnos seres pensantes con “dos deditos de frente”. Por lo general es durante la juventud cuando cada uno se plantea lo que quiere hacer con su vida, es entonces cuando se busca entre los recursos personales la capacidad de raciocinio.
Durante el tiempo de evolución de un ser… poner en acción la mente, aprender a pensar o simplemente unir ideas y concluir con coherencia significa alcanzar un cierto estatus. Cubrir el lugar primordial en una escala de valores definitoria de los seres que conforman el reino animal… “somos bestias racionales” además gracias al sentido común y el incipiente discurrir también somos hombres. En verdad somos la raza superior que ha de dar cuentas al Creador, por lo que tenemos la responsabilidad de dominar con nuestra sabiduría al resto de especies.
En mi tiempo de estudio universitario, comprender las teorías, entender a los padres de la filosofía y escuchar las clases de los profesores que impartían asignaturas en las que basaban las tesis que defendían, me ayudó a formarme como persona y mientas me convertía en un animal intelectual, crecía en sabiduría y comprensión de la realidad circundante.
Al buscar el motivo, la razón, el por qué a todo lo que nos afecta en la etapa vital correspondiente, podemos identificar a cada individuo con su propio fundamento con su realidad personal infundiéndole un cierto valor para que él mismo llegue a concebir la vida tal cual para cada uno: vivir la vida con conciencia y dotada de significado. Todo esto nos lleva a glorificar al hombre desde el momento en que éste planifica su objetivo vital.
Aprender a pensar es uno de los objetivos en las aulas a las que acudíamos durante nuestra época de aprendizaje e instrucción, alcanzar un cierto nivel de comprensión y dotar a las situaciones y aconteceres de significación es, y será ya siempre, lo que fue indicio de superioridad.
Los grandes hombres y mujeres que en el mundo han vivido se caracterizan por haber alcanzado el mayor grado o el nivel más óptimo, en lo que se ha planteado y han desarrollado su personalidad en vida y su gloria en muerte por lo que no desaparecen a pesar de su naturaleza perecedera.
Pensar, repensar y deducir es una de las formas de expresar un intelecto superior rompiendo con la idea gregaria de comportarnos como borregos que no saben adónde van, que se dejan llevar sin cuestionarse el porqué, la causa y menos el cómo o la forma. Ser portador de una ideología, tener unas convicciones y luchar por un objetivo hacen al individuo un ser distinguido, capaz de racionalizar, dar coherencia y comprender su propio existir.
El “pienso, luego existo” es premisa filosófica que incita al hombre a entender la idea de que el pensamiento humano va de la mano de la propia humanidad.

Mª Teresa Mendoza Hernández

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